La chancla cumple, pero solo hasta cierto punto
No hay nada malo en una chancla. En la piscina, en la playa o para bajar a por el pan, es imbatible. El problema empieza cuando le pedimos más de lo que puede dar. Su diseño, suela plana y fina, sujeción mínima, está pensado para tramos cortos, no para un día de verdad. A las pocas horas el pie lo nota: nada que agarre el talón, ninguna plantilla que acompañe la pisada, cero estructura. Y estéticamente se queda estancado.
